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Olvidarte.

por SharitoMar @ 07 Jul. 2008 - 10:32:13 am

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Olvidarte, mientras los recuerdos urden en mi memoria,
Se desvisten con impaciencia ante mi clamor,
¡cuanto dolor alma mía!
tu nombre vive entre mis silencios.

Olvidarte, mientras tu esencia camina a mi lado,
¿Acaso te llevo atado a mi memoria?
¿ acaso te hice mi sombra?
¿acaso tuve miedo que el olvido te diluyera y te fueras
convirtiendo en un fantasma de aquel dulce amor?.

Olvidarte, pero
¿ cómo se olvida el dulce sueño?
¿Cómo se olvida el aroma de una flor?
¿Cómo se olvida la caricia lejana?
¿Cómo se olvida el sonido de tu voz?

Quizás muriendo,
Quizás dejar de sentir,
Quizás enajenar mis pensamientos
Quizás dejar de oir.

Olvidarte, mientras el tiempo se torna historia.
©

TU SONRISA

por SharitoMar @ 03 Jul. 2008 - 07:31:57 pm

TU SONRISA
Vmárquez ©

Si, tu sonrisa me pertenece desde siempre,
Desde ese ayer que se niega a morir, a irse, a convertirse en olvido.
Cuantas veces los sueños me convertían en poeta, transformando las palabras en fantasías, hilos mágicos que deslizándose bajo tu mirada, acariciaban tu callado secreto.
Fueron horas extensas tejidas con la paciencia del tiempo, un reloj musitaba su andar en el espacio, eran los días, eran los meses, se disfrazaron de años todos los instantes desde aquel día que mi mirada te encontró, una sonrisa cruzándose en instantes extraños se había posado en esos rincones que como gavetas llevamos en la memoria, doblada, imperecedera al amarillento que plasman los días que mueren, ahí, brillando en mi silencio, en el letargo de una extraña melancolía, tu sonrisa.

¿Porqué el anillo de bodas se pone en el dedo anular?

por SharitoMar @ 03 Jul. 2008 - 12:00:35 am

El siguiente tema lo encontré en la página, La casa en el árbol.

Porque el anillo de bodas se pone en el dedo anular...

Bien... sigue los siguientes pasos y vamos a averiguar porque... quieres?

1. Une tus manos... palma a palma...

2. Dobla tus dedos del centro hacia adentro de tus palmas... manten las manos juntas unidas por las puntas de las yemas de los otros 4 dedos.

3. Separa tus dedos PULGARES... los pulgares representan a nuestros PADRES... se pueden separar porque todos los humanos pasan por enfermedad, y muerte... Y es por esto que nuestros padres un dia nos dejaran.

4. Dobla tus pulgares hacia dentro de tu palma... ahora tus manos estan unidas por la yema de tres dedos.

5. Ahora separa tus dedos INDICE... los dedos indices representan a nuestros HERMANOS(AS)... ellos toman su camino y forman sus propias familias... y nos dejan algun dia...

6. Dobla tu dedos INDICE hacia dentro de tu palma... ahora tienes tus manos unidas por la yema de 2 dedos...

7. Ahora separa tus dedos MEÑIQUES... los meñiques representan a nuestros HIJOS(AS)... tarde o temprano formaran sus propias familias y nos dejaran tambien...

8. Por ultimo... dobla tus dedos meñiques hacia dentro de tus palmas... ahora todos tus dedos estan doblados excepto el dedo ANULAR...

9. Trata de separarlos... puedes??

NO!!!... para nada!!!... y es por eso que en este dedo se pone el ANILLO DE BODAS... porque este dedo representa NUESTRA PAREJA... con quien estaremos unidos por el resto de nuestras vidas...

El verdadero amor se mantiene unido hasta el final...

Pulgar - Representa los padres
Indice - Representa los hermanos(as)
Medio - Nos representa a nosotros mismos
Meñique - Representa los hijos
Anular - Representa nuestra pareja

~ Ery -reflexiones...

¿Porque creerse mejor que otros?

por SharitoMar @ 26 Jun. 2008 - 09:55:54 pm

No hay nada que me ponga mal, que escuchar a las personas discriminando a otros, por ejemplo por el color de su piel o por su condición social, a ratos debo hacer un esfuerzo grande para no hablar, muchas veces he tenido enfrentamientos que me han llevado a un malestar mayor, los cabeza dura existen, sin importar género, y no me importa si por defender mis ideas al respecto pierdo alguna amistad, mis amigos quiero que sean seres nobles y sencillos, sin prepotencia ni orgullos falsos, lo superficial es para otros.
¿De donde salen esas diferencias tan marcadas en los seres humanos para ver de menos a otros?, ¿Qué tienen en su mente para sentirse mejores sólo porque el color de su piel es blanca o porque su condición social o económica es ¨supuestamente¨ mejor que la de muchos?.
Cuanta ignorancia en nuestro mundo, seguimos en la era cavernícola, marcando distancias, menospreciando lo que se cree menos a los conceptos idealizados que tienen muchos de la perfección, cuando la misma queda hecha trizas al tener comportamientos tan mezquinos y bajos como clasificar a los demás por esa u otras razones, pues la lista es larga, sin embargo, los dos puntos que menciono al principio de mi tema, son los que tienen mucha relevancia.
Tenemos el derecho de vida, de la tranquilidad, pero la mediocridad humana es cruel y mortal, siempre que se sigan haciendo clasificaciones basadas en lo que los otros creen es bueno, habrá un lado donde la mayoría serán esos que despreciados por no poseer lo que aquellos supuestos privilegiados han marcado, obviando que a ellos les falta lo esencial, la inteligencia para ver que las diferencias no están en tu raza o en lo que posees, sino en la verdad que habita dentro de tu corazón y la integridad que un verdadero ser humano debe e poseer para ver más allá de un simple color de piel o un metálico en los bolsillos.
Vmárquez©

CARTA DE UN HOMBRE A UNA MUJER

por SharitoMar @ 26 Jun. 2008 - 01:54:24 pm

El siguiente texto me llegó vía email, desconociendo por tanto su autor, sin embargo, he querido traerlo a este espacio para que algunos lo disfruten.

Querida MUJER (con mayúscula)....
A los HOMBRES con vida vivida......
1) Nos nos importa demasiado cuánto pesan o la edad contrariamente a lo que se supone.
Es fascinante tocar, abrazar y acariciar el cuerpo de una Mujer.
Pesarla, no nos proporciona ningún efecto y lo que dice el DNI es sólo una fecha.

2) No tenemos la menor idea de lo que es un talle.
Nuestra evaluación es visual.
Es decir, si tiene forma de guitarra, está buena.
No nos importa cuánto mide en centímetros.
Es una cuestión de proporción, no de medida.

3) Las proporciones ideales del cuerpo de una mujer son: Curvilíneas, pulposas, femeninas... Esa clase de cuerpo que de un solo golpe de vista uno identifica la femineidad y es una fracción de segundo.
Las flaquitas que desfilan en las pasarelas, siguen la tendencia diseñada por modistos, que dicho sea de paso, son todos gays (o putos como le decíamos antes), que odian a las mujeres y compiten con ellas y por ello con la moda han uniformado el cuerpo de ambos sexos. (de atrás todo iguales..)
Sus modas son, lisa y llanamente, agresiones al cuerpo de la Mujer que odian porque no lo pueden tener.

4) No hay belleza más irresistible en la mujer que la feminidad y la dulzura. La elegancia y el buen trato, y el “estilo” son la clave.

5) El maquillaje y las tinturas son buenas lo que importa es lo que está debajo y más abajo aún...en el alma.
No sirve el rubio barbie mezclado con facciones criollas, es un autoengaño, lo que vale es lo que sos y no lo que pareces. Pensar que a todos los tipos le gustan las rubias es un preconcepto equivocado.

6) El pelo, más largo, es mejor. Para andar con el pelo corto, estamos nosotros.

7) Las faldas se inventaron para que luzcan sus piernas, las que Dios te dio y que al final tarde o temprano hay que mostrar en la playa o en la intimidad. ¿Para qué se las tapan con pantalones anchos? ¿Para que las confundan con nosotros?

8) Una ola es una ola, las caderas son caderas y punto. Si la naturaleza les dio ese aspecto curvilíneo, es por algo y reitero: a nosotros nos gustan así.
Ocultar esas curvas, es equivalente a tener tu mejor sillón embalado en el sótano.

9) Es una ley de la naturaleza que todo aquel que se casa con una modelo flacucha, anoréxica, bulímica y nerviosa al poco tiempo se elige una amante pulposa, simpática, relajada y llena de salud

10) Seria bueno comprender que traten de gustarnos a nosotros, no a ustedes, porque nunca van a tener una referencia objetiva de cuán lindas son de Mujer a Mujer.
Los tipos pensamos totalmente distinto.
Ninguna mujer va a reconocer jamás delante de un tipo que otra mujer está linda.

11) Las jovencitas son lindas... Pero las de 35 para arriba, son el verdadero plato fuerte.
Y el tipo que no entiende esto no aprendió nada.(obviamente si esta cerca tuyo rajate..Ya..!!)

12) El cuerpo cambia. Crece. No deben obsesionarse con, eso de que les puede entrar el mismo vestido que cuando tenían 18 años.
Además, una mujer de más de 40/50 , a la que le entre la ropa de cuando tenía 18, o tiene problemas de desarrollo, o se está autodestruyendo o compite con la hija.

13) Nos gustan las mujeres que saben manejar su vida con equilibrio y saben manejar bien su natural tendencia a la culpa. O sea: la que cuando hay que comer, come con ganas (la dieta vendrá en otro día); cuando hay que hacer dieta, hace dieta con ganas ( no se sabotea ni sufre); cuando hay que tener intimidad de pareja, la tiene con todas las ganas; cuando hay que comprar algo que le gusta, lo compra; cuando hay que ahorrar, ahorra.

14) Algunas líneas en la cara, algunos puntos de sutura en el vientre, algunas marcas de estrías, no les quitan su belleza a ninguna MUJER. Son heridas de guerra que jerarquizan , testimonio de que han hecho algo con sus vidas, no han estado años en formol ni en un spa.
¡Han vivido!
El cuerpo de la mujer es la prueba de que Dios existe.
Es el sagrado recinto donde nos gestaron a todos los hombres, donde nos alimentaron, nos acunaron, y que nosotros sin querer las llenamos de estrías, de cesáreas y demás cosas que tuvieron que ocurrir para que estemos vivos.

Cuídenlo. Cuídense. Quiéranse.
La belleza es todo eso.
Todo junto.

Un hombre

Amoroso amor.

por SharitoMar @ 25 Jun. 2008 - 06:36:41 pm

Amoroso Amor

No puedo igualar tu belleza
Ni en la sobria perfección de la flor
No puedo igualar tu perfume
Ni tu cuerpo, tus movimientos, tu color

Ni bien mis ojos te abrazaron
Fue un maravilloso poema de amor

Nuestros cuerpos se acoplan en la caricia
Dos piezas que siempre se han pertenecido
Hechas por el mismo carpintero
Con la misma madera, con el mismo cariño

Antes creía sin saber, me relajaba,
flotaba a la deriva en el destino

Hoy tiemblo al considerar perderte
Hoy sé que todo ha cobrado sentido
Y que sin tú que eres nexo de mi tiempo
Nada brilla, nada canta, nada es divertido

El gris es ahora sólo un tono
No volveré a estar solo, soledad no te temo

(Publicado bajo permiso de Daniel Firelli)

Novia

por SharitoMar @ 25 Jun. 2008 - 06:34:59 pm

Novia

Novia tú de mí eres, el amor vuelto carne palpitante
Te amo con la intensidad de una ráfaga de brisa
Que envuelve tu luz para recibir tu calor incesante
Verte llegar es como el sol al despertar sin prisa
Abrazarte es como volver al fuego de la creación
Esperar el momento de casarnos un eterno desvelo
Que quiero para todos los días, para toda ocasión
Eres mi novia, el más sublime regalo del cielo

Embrujo de novia.

por SharitoMar @ 25 Jun. 2008 - 06:33:54 pm

Embrujo de novia

Olvido de yo en el tú, recuerdo de tú en mí.
Sólo los dos, universo infinito de amor y placer.
Seré para tí el príncipe azul de tus cuentos de niña;
Serás para mí prolongación de mí mismo
en el regazo tibio de una montaña erguida.
Seré viento que ágil disperse tus doradas palabras.
Seré vida en tu noche y luz en tu silencio.
Seré todo yo en tí, fuente de juventud eterna
Que perpetúe tu risa en mis labios.
Tú y yo en el embrujo inmortal de la mirada
de tu cuerpo en el mío juntos por toda la enternidad.

(Francisco López, Barcelona, España)

Ya no llegas.

por SharitoMar @ 25 Jun. 2008 - 01:30:43 pm

nollegasYa no llegas, ni siquiera te detienes, das la vuelta y cruzas por senderos distintos, llevo sombreros viejos en las manos, no encuentro donde ponerlos.
Ya no llegas y me voy de blanco, descalza, si, para siempre, no estaré al doblar la esquina ni siquiera para escuchar tu voz que me reclame por mi cobardía, si, decías que era cobarde, yo simplemente evadía con una sonrisa nerviosa, no sabías casi nada de mi, de mi lealtad a las promesas que hago, no rompo cristales, me dan miedo las heridas o los fragmentos que se quedan esparcidos en el piso, esos hieren a otros que dan pasos pensando seguros.
Ya no llegas, lo sé, por más que te llame con mi pensamiento, no existes, has dejado de existir, no amare jamás la transparencia de tu indiferencia ,es gigante, abrazadora y te sientes con poder, te miro desde aquí, no estoy abajo sino en un sitio muy lejano a ti, pero te veo, pero te escucho y no te entiendo, me dejas con las manos extendidas y es el viento que a ratos resulta tan frío, me estremece, si, me estremece pensar que ahora es cuando estoy conociendo tanto de ti, lo que eres, lo que serías si pasaba el tiempo.
Ya no llegas, lo sé, y yo no estoy ahí, ya no te espero, estoy de espaldas borrando tu nombre, no he llorado, tampoco he reído, no hay nada, solo fragmentos de un espejo roto a mis pies, ahí estaban fríos los rostros, las sonrisas, las poses, tú ahí, y yo aquí mirándote.
Ya no llegas, ya no estoy.

Vmárquez©

Para siempre

por SharitoMar @ 24 Jun. 2008 - 06:57:52 pm

mib

El amor empieza al seducir a la mente y entregar
el cuerpo pero al encontrar el alma esos cuerpos
se uniran para siempre.

El tiempo se ha terminado.

por SharitoMar @ 21 Jun. 2008 - 10:57:57 pm

Poema dedicado a mi amiga Ernestina, quien dejo de volar
dejo de soñar aquel día que perdió su gran amor.
Descansa en paz amiga.

Sharito Mar

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Mi corazón ha llorado en silencio,
¡calla! , le he suplicado, calla por favor,
no pierdas la razón por él.

I

Clamaba el perdón para mi alma,
para mi sentir,
perdón para mi dolor
mientras esperaba que la noche le llevará mi oración,
enredarme en sus sueños anidarme en su corazón.

Eran sus palabras de un amor que no era,
promesas en media tinta que no podría cumplir,
pasos encaminados al abismo de la desesperación.

Sé que lo soñabas, decía la conciencia,
que como sombra errante y triste dejaba de ser amor,
se convertía en un gris y lacerante dolor.

II

Divino llanto que fluyes,
embriagante elixir del adiós.
Todo ha terminado,
todo se ha de olvidar.

III

Y si entregarle quise mi cuerpo y su pasión,
sucumbió ante la verdad y cayo el telón.

Mirarle a los ojos quería, escuchar su voz
mientras repetía que yo era aquel amor
que vestido de invierno le dio nueva ilusión.

¿Cuánto tiempo para el olvido?
¿Cuánto tiempo para no esperar?

De infames es el silencio,
pobre y sencillo corazón,
cuanta verdad ahora en tu boca
verdad que traspasa y duele y
yo creerte que me amabas,
era uno de tus juegos que solías
fragmentar.

IV
Todo ha terminado,
el olvido ha llegado,
el perdón por igual.
He perdonado tu ironía,
he perdonado tu falsedad,
he perdonado tu olvido,
he perdonado que no sepas amar.

Mi sencillo corazón,
si yo nunca te he mentido
y a pesar de ser herido,
con tranquilidad me voy,
te dejo en el olvido
pidiendo que te perdone Dios.

V
El tiempo ha terminado,
la distancia lo extinguió,
¿acaso por ser fingido
el orgullo lo arremetió?
No existe nada,
ni siquiera el error de pensarlo eternamente,
si las ansias por mirarlo
se clavan como puñales que laceran el corazón.

Dejad que se vaya lejos
dejad que presuma en otro lecho,
ya nada existe, ya nada será.

De otro serán mis sueños,
de otro mi ilusión,
de otro serán mis caricias,
para él solamente mi adiós.

VI
Herido corazón,
deja que escriba este poema
que intente decir
que antes de que yo muera el pueda sentir
que mis versos se han desgarrado en el profundo dolor,
que me despido de su nombre,
que me despido de su alma,
que me llevo tranquilo aquel viejo amor.

VMárquez©

Desnudez.

por SharitoMar @ 19 Jun. 2008 - 05:43:52 am

MujerDesnuda

Haces tuya su desnudez cuando
recorres los espacios de su cuerpo.

La amas poseyendo sus secretos,
morbo que rompe la pasividad de tus días.

Haces tuyo su temor y quietud,
su paciencia rompe tus esquemas,
la posees con el profundo negro de tu pupila.

Haces tuya su desnudez,
con la impaciencia de tu mirada.

VMárquez©

Recuerdos.

por SharitoMar @ 18 Jun. 2008 - 11:11:16 pm

Siempre te recuerdo, porque existen muchos detalles que te traen a mi memoria, desde la caída sutil de una hoja seca, hasta el vaivén que tiene el inmenso mar, porque dentro de ti hay grandeza y hay pequeñas cosas, porque la vida se enlaza con la naturaleza y ella se posa ante mi mirada que hurga inquieta en el horizonte.
Siempre te recuerdo y una sonrisa se dibuja en mi rostro, la felicidad de haberte encontrado en mi camino sin importar que el tiempo no tiene medida, basto para que te quedaras ahí, dentro de mis pensamientos y desear con intensidad que la felicidad siempre rozara tu ser.
Siempre te recuerdo y no con nostalgia, apenas con un dejo de melancolía, porque los segundos se van acumulando sin perdón en mi calendario y un día he de partir, llevándome tu sonrisa en un desteñido y vago recuerdo.
Siempre te recuerdo y al extender mi mano para sentir la brisa del atardecer entre mis dedos, sé que ella paso enredándose en tu pelo, cual beso universal que no merece distancia, ni extravíos.
Siempre te recuerdo y me digo que somos esos amigos de siempre, que más da ya que las ideas no eran las mismas, que tenías un sendero distinto del mío, sin embargo, en el inmenso universo fue el destino que nos hizo cruzar nuestros caminos.
Entonces te irás conmigo por siempre, cuando el otoño languidezca sobre mis suspiros, cuando la poesía sea tejida como una melodía que sonara cuando caiga la lluvia, que brillara cuando surja el nuevo día y en un suspiro de mi pecho diré que siempre te recordare aunque con tristeza mueran los días y tu en ausencia y yo con melancolía.
VMárquez ©

Te dire porque no.

por SharitoMar @ 17 Jun. 2008 - 04:22:52 pm

Te diré porqué no, cuando los miras a ellos, sabes que serás su historia, ese ayer de ejemplos, de enseñanzas, ese personaje que les inculco que la mentira es un actuar incorrecto, que los pasos que das ahora se quedaran escritos para el futuro donde ellos, tu descendencia te recordará, en nuestras manos está que nuestro recuerdo sea orgullo y no vergüenza.

Te diré porque no, porque antes de soltar el corazón, de pensar en nuestras satisfacciones, debemos ver más allá, donde las consecuencias de nuestros actos pueden tener eco y ser dolor para muchos.

Te diré porque no, porque en un segundo de egoísmo se rompen años de lucha, de perseverancia, de constante comprensión y entendimiento, porque no hay nada que compense el mal paso o la equivocación por un simple capricho.

Te diré porque no, porque esas culpas son como rocas inmensas atadas a nuestros pasos, hacen lento el andar y los caminos por más hermosos que sean, mientras en la conciencia se guardan los actos que no deberían ser, jamás la felicidad se integra si esta no se basa en la verdad.
Te diré que para ver el mañana con orgullo y serenidad, los pasos de este momento deben ser de integridad, que esta no se compra ni se alquila a la vuelta de la esquina y que no debemos ser egoístas actuando sin pensar en los demás.

Te diré que si no lo comprendes por pensar en ti nada mas, es bueno que los caminos se alejen porque las diferencias estarían ahí y el dolor esgrimiendo sin piedad en el corazón, que si la paciencia puede a ratos desesperar, es sabia para mitigar los impulsos que el día de mañana te hagan lamentar no haber pensado con inteligencia y amor, fragmentando la calma de una trayectoria serena , llena de bondad.

Vmárquez ©

La mujer.

por SharitoMar @ 16 Jun. 2008 - 11:33:40 pm

Juan Bosch

La Mujer

La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se la ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco, y sigue ahí, sobre el -lomo de la carretera.

Debe hacer muchos siglos de su muerte. La desenterraron hombres con picos y palas. Cantaban y picaban; algunos había, sin embargo, que ni cantaban ni picaban Fue muy largo todo aquello. Se veía que venían de lejos: sudaban, hedían. De tarde el acero blanco se volvía rojo; entonces en los ojos de los hombres que desenterraban la carretera se agitaba una hoguera pequeñita. detrás de las pupilas.

La muerta atravesaba sabanas y lomas y los vientos traían polvo sobre ella. Después aquel polvo murió también y se posó en la piel gris.

A los lados hay arbustos espinosos. Muchas veces la vista se enferma de tanta amplitud. Pero las planicies están peladas. Pajonales, a distancia. Tal vez aves rapaces coronen cactos. Y los cactos están allá, más lejos, embutidos en el acero blanco.

También hay bohíos, casi todos bajos y hechos con barro. algunos están pintados de blanco y no se ven bajo el sol. Sólo se destaca el techo grueso, seco, ansioso de quemarse día a día. Las canas dieron esas techumbres por las que nunca rueda agua.

La carretera muerta, totalmente muerta, está ahí, desenterrada, gris. La mujer se veía, primero, como un punto negro, después, como una piedra que hubieran dejado sobre la momia larga. Estaba allí tirada sin que la brisa le moviera los harapos. No la quemaba el sol; tan sólo sentía dolor por los gritos del niño. El niño era de bronce, pequeñín, con los ojos llenos de luz, y se agarraba a la madre tratando de tirar de ella con sus manecitas. Pronto iba la carretera a quemar el cuerpo, las rodillas por lo menos, de aquella criatura desnuda y gritona.

La casa estaba allí cerca, pero no podía verse.

A medida que se avanzaba crecía aquello que parecía una piedra tirada en medio de la gran carretera muerta. Crecía, y Quico se dijo: Un becerro, sin duda, estropeado por auto.

Tendió la vista: la planicie, la sabana. Una colina lejana, con pajonales, como si fuera esa colina sólo un montoncito de arena apilada por los vientos. El cauce de un río; las fauces secas de la tierra que tuvo agua mil años antes de hoy. Se resquebrajaba la planicie dorada bajo el pesado acero transparente. Y los cactos, los cactos coronados de aves rapaces.

Más cerca ya, Quico vio que era persona. Oyó distintamente los gritos del niño.

El marido le había pegado. Por la única habitación del bohío. caliente como horno, la persiguió, tirándola de los cabellos y machacándole la cabeza a puñetazos.

-¡ Hija de mala madre! ¡Hija de mala madre! ¡Te voy a matar como a una perra, desvergonzada!

-Pero si nadie pasó, Chepe: nadie pasó -- quería ella explicar.

-¿Qué no? ¡Ahora verás! Y volvía a golpearla.

El niño se agarraba a las piernas de su papá, no sabía hablar aún y pretendía evitarlo. El veía la mujer sangrando por la nariz. La sangre no le daba miedo, no, solamente deseos de llorar, de gritar mucho. De seguro mami moriría si seguía sangrando.

Todo fue porque la mujer no vendió la leche de cabra, como él se lo mandara; al volver de las lomas, cuatro días después, no halló el dinero. Ella contó que se había cortado la leche; la verdad es que la bebió el niño. Prefirió no tener unas monedas a que la criatura sufriera hambre tanto tiempo.

Le dijo después que se marchara tanto tiempo.

-¡Te mataré si vuelves a esta casa!

La mujer estaba tirada en el piso de tierra ¡sangraba mucho y nada oía. Chepe, frenético, la arrastró hasta la carretera. Y se quedó allí, como muerta, sobre el lomo de la gran momia.

Quico tenía agua para dos días más de camino, pero la gastó en rociar la frente de la mujer. La llevó hasta el bohío, dándole el brazo, y pensó en romper su camisa listada para limpiarla de sangre.

Chepe entró por el patio.

-¡Te dije que no quería verte más aquí, condenada!

Parece que no había visto al extraño. Aquel acero blanco, transparente, le había vuelto fiera, de seguro. El pelo era estopa y las córneas estaban rojas.

Quico le llamó la atención; pero él, medio loco, amenazó de nuevo a su víctima. Iba a pegarla ya. Entonces fue cuando se entabló la lucha entre los dos hombres.

El niño pequeñín, pequeñín, comenzó a gritar otra vez; ahora se envolvía en la falda de su mamá.

La lucha era silenciosa. No decían palabra. Sólo se oían los gritos del muchacho y las pisadas violentas.

La mujer vio cómo Quico ahogaba a Chepe: tenía los dedos engarfiados en el pescuezo de su marido. Este comenzó por cerrar los ojos; abría la boca y le subía la sangre al rostro.

Ella no supo qué sucedió, pero cerca, junto a la puerta, estaba la piedra; una piedra como lava, rugosa, casi negra, pesada. Sintió que le nacía una fuerza brutal. La alzó. Sonó seco el golpe. Quico soltó el pescuezo del otro, luego dobló las rodillas, después abrió los brazos con amplitud y cayó de espaldas, sin quejarse, sin hacer un esfuerzo.

La tierra del piso absorbía aquella sangre tan roja, tan abundante. Chepe veía la luz brillar en ella.

La mujer tenía las manos crispadas sobre la cara, todo el pelo suelto y los ojos pugnando por saltar. Corrió. Sentía flojedad en las coyunturas. Quería ver si alguien venía. Pero sobre la gran carretera muerta, totalmente muerta, sólo estaba el sol que la mató. Allá, al final de la planicie, la colina de arenas que amontonaron los vientos. Y cactos embutidos en el acero.

Juan Bosch (La Vega, 1909).

Poesía erótica. 7 poemas

por SharitoMar @ 09 Jun. 2008 - 07:25:10 am

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RITUAL SECRETO
(Orietta Lozano, Colombia)

Amante mío, estoy desnuda, más fresca que el agua azul
para tu noche de amor.
Cada extremo de mi boca,
cada esquina de mis miembros
se apresuran como ágiles peces
hacia tus tibias aguas.
Amante mío, yo deseo la mordedura de tus dientes
y me encamino temblorosa hacia cada uno de tus dedos,
me detengo a mirar tu cuerpo a través de oscura cerradura
e incontenible deseo se posa en mis húmedos senos.
Por tí se escapa la sequedad de mi boca,
mi mirada de brújula perdida en tus rincones,
floto voluptuosa en tus profundas aguas
y me abro como flor nocturna a tu plácida noche.
Mi cuerpo, fiesta fértil y lasciva.
Paséeme solitaria, desnuda ante tu noche,
siémbrame semillas olorosas a sal.
Mírame desnuda
con la hermosa sospecha
que mi vientre será fértil a tu salada lluvia.
Mi caverna, tibia y silenciosa, guarida perfecta
de tu solitario cuerpo,
Mi boca es suave entre tus dientes,
mi lengua, pájaro que anida en tu boca.
Por mi carne fluye sudor de hierro
y me prendo
como alga marina a tu confuso mar.
Soy la obra inconclusa
con infinitas posibilidades para un final.
Me entrego fácil a tus brazos,
con el misterioso encanto de un ritual.

poeshari

MUDANZAS DEL AMANTE I
(Adonis)

Creces por todas partes,
hacia las entrañas creces.
Te abres a mí como una fuente,
como árbol te entregas.
Mientras
colgado de las torres del sueño
yo dibujaba en torno a ellas mis formas,
descubría misterios para llenar
los huecos de los días.
Grabé en tus miembros la brasa de los míos,
te escribí en mis labios y en mis dedos,
te labré en mi frente,
alteré las letras y el alfabeto,
multipliqué los modos de lectura.

pirotecnia-sexual

LA ESTACIÓN PERENNE
(Eduardo Cote Lamus)

Tu cuerpo desnudo brilla bajo los relámpagos
como antes bajo mis manos.
Todas las estaciones están en tu cuerpo.
La primavera comienza su esplendor en tu abrazo
y concluye en tu boca estreabierta, exultante.
Todos los ríos del mundo están en tu cuerpo,
confluyen en ti en el momento
en que el animal más bello del bosque
-el ciervo, por ejemplo-
bebe de ti y se contempla.
Tu piel es de límite del fuego
donde se refugia el ardor del verano.
Rojas llamas te inundan.
Se mezclan los elementos y tu cuerpo se curva,
hay más aire en tu boca y mi cuerpo sediento
busca en ti salida, la libertad, los deseos.
Se anudan en ti los olivos del mundo
y ardes como una lámpara.
Somos un cuerpo sólo luchando contra la muerte.
El otoño se riega en tu cuerpo como vino rojo en la mesa.
Tus muslos descansan en el borde del mundo.
Vuela una paloma de tu pecho a mis manos.
Después miramos los dos, de alegría cansados,
como a chimenea en invierno, el fuego pasado
y tu piel que brilla bajo los relámpagos.

103mh1

ENCUENTROS
(Darío Jaramillo Agudelo)

Apuro esta euforia
como un vino escaso la apuro hasta sus más íntimos delirios.
Perfume preciso que aletea en la alcoba,
aroma de la expulsión de los demonios,
viento fresco el cuerpo del amor.
Ajeno a toda zozobra
me convierto en brizna de la nada entre el amor,
oh alegría, azúcar de mi noche.

mujer_desnuda_tomando_te
CERCA Y LEJOS (Gabriel Celaya)

Más allá del pecado,
indecible, te adoro,
y al buscar mis palabras
sólo encuentro unos besos.

En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.

donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.

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DÉJAME SUELTAS LAS MANOS... (Pablo Neruda)

Déjame sueltas las manos
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión -sangre, fuego, besos-
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tu no sabes lo que es esto!

Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y está aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!
Déjame libres las manos
y el corazón, déjame libre!
Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,
es precipitación de furias,acercamiento delo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste-
como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!

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RASTRO (Juan Gustavo Cobo Borda, Colombia)

Tu olor
-el incontrovertible
y brutal olor del amor-
permanece intacto
mientras los besos
se volatilizan
en su propio júbilo
y la humedad
se hace una con la piel.
Tu olor, en cambio,
impregna hasta la médula.
Hasta ese lugar recóndito
donde el deseo anida
y obliga a dejar intactos
los platos del almuerzo
y a danzar de nuevo
hacia la cama,
muertos de hambre
de amor.

El si de las niñas. Acto I

por SharitoMar @ 03 Jun. 2008 - 05:14:43 am

El sí de las niñas

Autor
Leandro Fernández de Moratín

PERSONAJES

DON DIEGO.
DON CARLOS.
DOÑA IRENE.
DOÑA FRANCISCA.
RITA.
SIMÓN.
CALAMOCHA.

La escena es en una posada de Alcalá de Henares.

Acto I

Escena I

DON DIEGO, SIMÓN.

Sale DON DIEGO de su cuarto, SIMÓN, que está sentado en una silla, se levanta.

DON DIEGO.- ¿No han venido todavía?

SIMÓN.- No, señor.

DON DIEGO.- Despacio lo han tomado, por cierto.

SIMÓN.- Como su tía la quiere tanto, según parece, y no la ha visto desde que la llevaron a Guadalajara...

DON DIEGO.- Sí. Yo no digo que no la viese; pero con media hora de visita y cuatro lágrimas estaba concluido.

SIMÓN.- Ello también ha sido extraña determinación la de estarse usted dos días enteros sin salir de la posada. Cansa el leer, cansa el dormir... Y, sobre todo, cansa la mugre del cuarto, las sillas desvencijadas, las estampas del hijo pródigo, el ruido de campanillas y cascabeles, y la conversación ronca de carromateros y patanes, que no permiten un instante de quietud.

DON DIEGO.- Ha sido conveniente el hacerlo así. Aquí me conocen todos: el Corregidor, el señor Abad, el Visitador, el Rector de Málaga... ¡Qué sé yo! Todos. Y ha sido preciso estarme quieto y no exponerme a que me hallasen por ahí.

SIMÓN.- Yo no alcanzo la causa de tanto retiro. Pues ¿hay más en esto que haber acompañado usted a Doña Irene hasta Guadalajara para sacar del convento a la niña y volvernos con ellas a Madrid?

DON DIEGO.- Sí, hombre; algo más hay de lo que has visto.

SIMÓN.- Adelante.

DON DIEGO.- Algo, algo... Ello tú al cabo lo has de saber, y no puede tardarse mucho... Mira, Simón, por Dios te encargo que no lo digas... Tú eres hombre de bien, y me has servido muchos años con fidelidad... Ya ves que hemos sacado a esa niña del convento y nos la llevamos a Madrid.

SIMÓN.- Sí, señor.

DON DIEGO.- Pues bien... Pero te vuelvo a encargar que a nadie lo descubras.

SIMÓN.- Bien está, señor. Jamás he gustado de chismes.

DON DIEGO.- Ya lo sé. Por eso quiero fiarme de ti. Yo, la verdad, nunca había visto a la tal Doña Paquita. Pero, mediante la amistad con su madre, he tenido frecuentes noticias de ella; he leído muchas de las cartas que escribía; he visto algunas de su tía la monja, con quien ha vivido en Guadalajara; en suma, he tenido cuantos informes pudiera desear acerca de sus inclinaciones y su conducta. Ya he logrado verla; he procurado observarla en estos pocos días y, a decir verdad, cuantos elogios hicieron de ella me parecen escasos.

SIMÓN.- Sí, por cierto... Es muy linda y...

DON DIEGO.- Es muy linda, muy graciosa, muy humilde... Y, sobre todo, ¡aquel candor, aquella inocencia! Vamos, es de lo que no se encuentra por ahí... Y talento... Sí señor, mucho talento... Conque, para acabar de informarte, lo que yo he pensado es...

SIMÓN.- No hay que decírmelo.

DON DIEGO.- ¿No? ¿Por qué?

SIMÓN.- Porque ya lo adivino. Y me parece excelente idea.

DON DIEGO.- ¿Qué dices?

SIMÓN.- Excelente.

DON DIEGO.- ¿Conque al instante has conocido?...

SIMÓN.- ¿Pues no es claro?... ¡Vaya!... Dígole a usted que me parece muy buena boda. Buena, buena.

DON DIEGO.- Sí señor... Ya lo he mirado bien y lo tengo por cosa muy acertada.

SIMÓN.- Seguro que sí.

DON DIEGO.- Pero quiero absolutamente que no se sepa hasta que esté hecho.

SIMÓN.- Y en eso hace usted bien.

DON DIEGO.- Porque no todos ven las cosas de una manera, y no faltaría quien murmurase, y dijese que era una locura, y me...

SIMÓN.- ¿Locura? ¡Buena locura!... ¿Con una chica como ésa, eh?

DON DIEGO.- Pues ya ves tú. Ella es una pobre... Eso sí... Porque aquí entre los dos, la buena de Doña Irene se ha dado tal prisa a gastar desde que murió su marido que, si no fuera por estas benditas religiosas y el canónigo de Castrojeriz, que es también su cuñado, no tendría para poner un puchero a la lumbre... Y muy vanidosa y muy remilgada, y hablando siempre de su parentela y de sus difuntos, y sacando unos cuentos allá que... Pero esto no es del caso... Yo no he buscado dinero, que dineros tengo. He buscado modestia, recogimiento, virtud.

SIMÓN.- Eso es lo principal... Y, sobre todo, lo que usted tiene ¿para quién ha de ser?

DON DIEGO.- Dices bien... ¿Y sabes tú lo que es una mujer aprovechada, hacendosa, que sepa cuidar de la casa, economizar, estar en todo?... Siempre lidiando con amas, que si una es mala, otra es peor, regalonas, entremetidas, habladoras, llenas de histérico, viejas, feas como demonios... No señor, vida nueva. Tendré quien me asista con amor y fidelidad, y viviremos como unos santos... Y deja que hablen y murmuren y...

SIMÓN.- Pero, siendo a gusto de entrambos, ¿qué pueden decir?

DON DIEGO.- No, yo ya sé lo que dirán; pero... Dirán que la boda es desigual, que no hay proporción en la edad, que...

SIMÓN.- Vamos, que no parece tan notable la diferencia. Siete u ocho años a lo más...

DON DIEGO.- ¡Qué, hombre! ¿Qué hablas de siete u ocho años? Si ella ha cumplido dieciséis años pocos meses ha.

SIMÓN.- Y bien, ¿qué?

DON DIEGO.- Y yo, aunque gracias a Dios estoy robusto y... Con todo eso, mis cincuenta y nueve años no hay quien me los quite.

SIMÓN.- Pero si yo no hablo de eso.

DON DIEGO.- Pues ¿de qué hablas?

SIMÓN.- Decía que... Vamos, o usted no acaba de explicarse, o yo lo entiendo al revés... En suma, esta Doña Paquita, ¿con quién se casa?

DON DIEGO.- ¿Ahora estamos ahí? Conmigo.

SIMÓN.- ¿Con usted?

DON DIEGO.- Conmigo.

SIMÓN.- ¡Medrados quedamos!

DON DIEGO.- ¿Qué dices?... Vamos, ¿qué?...

SIMÓN.- ¡Y pensaba yo haber adivinado!

DON DIEGO.- Pues ¿qué creías? ¿Para quién juzgaste que la destinaba yo?

SIMÓN.- Para Don Carlos, su sobrino de usted, mozo de talento, instruido, excelente soldado, amabilísimo por todas sus circunstancias... Para ése juzgué que se guardaba la tal niña.

DON DIEGO.- Pues no señor.

SIMÓN.- Pues bien está.

DON DIEGO.- ¡Mire usted qué idea! ¡Con el otro la había de ir a casar!... No señor; que estudie sus matemáticas.

SIMÓN.- Ya las estudia; o, por mejor decir, ya las enseña.

DON DIEGO.- Que se haga hombre de valor y...

SIMÓN.- ¡Valor! ¿Todavía pide usted más valor a un oficial que en la última guerra, con muy pocos que se atrevieron a seguirle, tomó dos baterías, clavó los cañones, hizo algunos prisioneros, y volvió al campo lleno de heridas y cubierto de sangre?... Pues bien satisfecho quedó usted entonces del valor de su sobrino; y yo le vi a usted más de cuatro veces llorar de alegría cuando el rey le premió con el grado de teniente coronel y una cruz de Alcántara.

DON DIEGO.- Sí señor; todo es verdad, pero no viene a cuento. Yo soy el que me caso.

SIMÓN.- Si está usted bien seguro de que ella le quiere, si no le asusta la diferencia de la edad, si su elección es libre...

DON DIEGO.- Pues ¿no ha de serlo?... Doña Irene la escribió con anticipación sobre el particular. Hemos ido allá, me ha visto, la han informado de cuanto ha querido saber, y ha respondido que está bien, que admite gustosa el partido que se le propone... Y ya ves tú con qué agrado me trata, y qué expresiones me hace tan cariñosas y tan sencillas... Mira, Simón, si los matrimonios muy desiguales tienen por lo común desgraciada resulta, consiste en que alguna de las partes procede sin libertad, en que hay violencia, seducción, engaño, amenazas, tiranía doméstica... Pero aquí no hay nada de eso. ¿Y qué sacarían con engañarme? Ya ves tú la religiosa de Guadalajara si es mujer de juicio; ésta de Alcalá, aunque no la conozco, sé que es una señora de excelentes prendas; mira tú si Doña Irene querrá el bien de su hija; pues todas ellas me han dado cuantas seguridades puedo apetecer... La criada, que la ha servido en Madrid y más de cuatro años en el convento, se hace lenguas de ella; y sobre todo me ha informado de que jamás observó en esta criatura la más remota inclinación a ninguno de los pocos hombres que ha podido ver en aquel encierro. Bordar, coser, leer libros devotos, oír misa y correr por la huerta detrás de las mariposas, y echar agua en los agujeros de las hormigas, éstas han sido su ocupación y sus diversiones... ¿Qué dices?

SIMÓN.- Yo nada, señor.

DON DIEGO.- Y no pienses tú que, a pesar de tantas seguridades, no aprovecho las ocasiones que se presentan para ir ganando su amistad y su confianza, y lograr que se explique conmigo en absoluta libertad... Bien que aún hay tiempo... Sólo que aquella Doña Irene siempre la interrumpe; todo se lo habla... Y es muy buena mujer, buena...

SIMÓN.- En fin, señor, yo desearé que salga como usted apetece.

DON DIEGO.- Sí; yo espero en Dios que no ha de salir mal. Aunque el novio no es muy de tu gusto... ¡Y qué fuera de tiempo me recomendabas al tal sobrinito! ¿Sabes tú lo enfadado que estoy con él?

SIMÓN.- Pues ¿qué ha hecho?

DON DIEGO.- Una de las suyas... Y hasta pocos días ha no lo he sabido. El año pasado, ya lo viste, estuvo dos meses en Madrid... Y me costó buen dinero la tal visita... En fin, es mi sobrino, bien dado está; pero voy al asunto. Ya te acuerdas de que a muy pocos días de haber salido de Madrid recibí la noticia de su llegada.

SIMÓN.- Sí, señor.

DON DIEGO.- Y que siguió escribiéndome, aunque algo perezoso, siempre con la data de Zaragoza.

SIMÓN.- Así es la verdad.

DON DIEGO.- Pues el pícaro no estaba allí cuando me escribía las tales cartas.

SIMÓN.- ¿Qué dice usted?

DON DIEGO.- Sí, señor. El día tres de julio salió de mi casa, y a fines de septiembre aún no había llegado a sus pabellones... ¿No te parece que para ir por la posta hizo muy buena diligencia?

SIMÓN.- Tal vez se pondría malo en el camino, y por no darle a usted pesadumbre...

DON DIEGO.- Nada de eso. Amores del señor oficial y devaneos que le traen loco... Por ahí en esas ciudades puede que... ¿Quién sabe? Si encuentra un par de ojos negros, ya es hombre perdido... ¡No permita Dios que me le engañe alguna bribona de estas que truecan el honor por el matrimonio!

SIMÓN.- ¡Oh! No hay que temer... Y si tropieza con alguna fullera de amor, buenas cartas ha de tener para que le engañe.

DON DIEGO.- Me parece que están ahí... Sí. Busca al mayoral, y dile que venga para quedar de acuerdo en la hora a que deberemos salir mañana.

SIMÓN.- Bien está.

DON DIEGO.- Ya te he dicho que no quiero que esto se trasluzca, ni... ¿Estamos?

SIMÓN.- No haya miedo que a nadie lo cuente.

(SIMÓN se va por la puerta del foro. Salen por la misma las tres mujeres con mantillas y basquiñas. RITA deja un pañuelo atado sobre la mesa y recoge las mantillas y las dobla.)

Escena II

DOÑA IRENE, DOÑA FRANCISCA, RITA, DON DIEGO.

DOÑA FRANCISCA.- Ya estamos acá.

DOÑA IRENE.- ¡Ay! ¡Qué escalera!

DON DIEGO.- Muy bien venidas, señoras.

DOÑA IRENE.- ¿Conque usted, a lo que parece, no ha salido? (Se sientan DOÑA IRENE y DON DIEGO.)

DON DIEGO.- No, señora. Luego, más tarde, daré una vueltecita por ahí... He leído un rato. Traté de dormir, pero en esta posada no se duerme.

DOÑA FRANCISCA.- Es verdad que no... ¡Y qué mosquitos! ¡Mala peste en ellos! Anoche no me dejaron parar... Pero mire usted, mire usted (Desata el pañuelo y manifiesta algunas cosas de las que indica el diálogo.) cuántas cosillas traigo. Rosarios de nácar, cruces de ciprés, la regla de San Benito, una pililla de cristal... Mire usted qué bonita. Y dos corazones de talco... ¡Qué sé yo cuánto viene aquí!... ¡Ay!, y una campanilla de barro bendito para los truenos... ¡Tantas cosas!

DOÑA IRENE.- Chucherías que la han dado las